Publicado : 15 julio, 2026.
Autor : Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes
Etiquetas : 2026, concurso, convocatoria, cuentos, entrevista, internacional, letra, Letras, literatura, Puente Zuazo, relatos
Categorías: Convocatorias literarias, Entrevista
El pasado mes de junio, y como viene sucediendo desde hace ya cincuenta y dos ediciones, la Real Academia de San Romualdo dio a conocer el fallo del jurado del Concurso Internacional de Cuentos Puente Zuazo. Con esta cita se pone tradicionalmente punto y final a cada curso académico, en torno a la onomástica de San Romualdo. La quincuagésima segunda convocatoria de uno de los certámenes literarios más longevos de España y de paulatina consolidación en el panorama internacional literario desde hace años ha contado con obras procedentes nada menos que de treinta y tres países. Y ha sido un escritor español quien se ha alzado con el premio.
La plica reveló el nombre de D. Santiago Casero González a la hora de dar a conocer el autor del cuento titulado «Los hilos de la memoria», un excelente relato de marcado tinte autobiográfico, producto de un autor con una dilatada trayectoria literaria. Casero González cuenta con más de una veintena de premios conseguidos en distintos concursos de narrativa en el ámbito del cuento, relato o novela corta.
Nacido en la localidad ciudadrealeña de Fuente del Fresno en 1964, es licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado una docena de libros entre novelas y obras de relatos, labor que ha compatibilizado hasta hace poco con la docencia, habiendo sido profesor de Enseñanza Secundaria. Se ha planteado el reto de seguir perfeccionando su escritura desde que cesó en su actividad como profesor, objetivo que, a tenor de los premios que va obteniendo, parece haber logrado. Ya antes ha inmortalizado su nombre entre los ganadores de certámenes de gran relevancia. Con «Los huérfanos del tiempo» ganó en 2011 el XXXVI Premio de Novela Corta de la ciudad de Cáceres. En 2012 ganó el VI premio de novela corta Encina de Plata de Navalmoral de la Mata (Cáceres). Este mismo año obtuvo el IV Premio de Novela Corta El Fungible, del Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid). En 2016 publicó la novela breve «Los jinetes rojos», premio de narrativa de la editorial Titanium. Es autor asimismo de dos novelas largas, «Cerrar los ojos» y «Huellas de lo humano». Esta última obra resultó finalista en la 66ª edición del Premio Nadal, en el Premio Internacional de Novela Corta Juan Rulfo de París de 2008, en el XIV Premio de Novela Mario Vargas Llosa (Caja Mediterráneo y Universidad de Murcia) de 2010 y en el XXIX Certamen Literario Felipe Trigo entre otros certámenes, publicándola finalmente con el título «La herida» en la Editorial Libros de Ítaca en 2014. En relato corto, la lista es muy extensa: XXII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, IV Certamen Literario José Saramago de la Sierra de Guadarrama, XIV Certamen Literario Villa de Navia, el Premio de Relato Corto Fernández Lema, modalidad en Lengua Castellana, 2015, el I Premio de libro de narrativa convocado y publicado por la Editorial Titanium en 2016, el XLIV Concurso Nacional de Cuentos José Calderón Escalada 2016, el I Premio Internacional de Cuentos Carmen Martín Gaite de Salamanca, en 2017, el LVI Premio de Libros de Cuentos de la Fundación Monteleón de León (2018) o el V Premio Internacional de Cuento Las Dalias, de Ibiza (2022), además de otros muchos primeros premios o accésits.
A todo ello se une ahora el prestigio de haber ganado el Premio Internacional de Cuentos Puente Zuazo que anualmente convoca la Academia de San Romualdo con la colaboración de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de San Fernando. Desde esta institución entrevistamos a D. Santiago Casero tras conocer su condición de premiado. «Los hilos de la memoria» puede leerse descargándolo pinchando aquí ( https://academiadesanromualdo.com/wp-content/uploads/2026/06/CUENTOGANADORLIIPUENTEZUAZO.pdf ) .
PREGUNTA: ¿Descubrió realmente usted la sangre a los seis años como el protagonista de «Los hilos de la memoria» o ya iba perfilando la necesidad de escribir sin necesidad de ser autobiográfico?
RESPUESTA: La edad referencial del relato es una licencia, una concreción que pretende situar en el tiempo la edad de la inocencia, aunque el fondo de los hechos que se relatan es radicalmente autobiográfico; de ahí la elección de la primera persona. La importancia de lo autobiográfico en esta historia entronca con mi necesidad de escribir, si la escritura es lo que a mí me gusta imaginar que sea: un instrumento para la memoria, un desplazamiento de la realidad a ámbitos a los que la propia realidad no es capaz de llegar por sí sola. La edad en la que todo eso realmente ocurrió debe de estar más cerca de los tres que de los seis años, pero me pareció que la aparición de la autoconsciencia resultaría más verosímil dejando correr unos años. También creí que la idea del descubrimiento de la sangre podía operar como una idea fuerte de las dos caras del aprendizaje que, como pretendo mostrar en el propio relato, nunca termina.
P. Su relato se construye sobre determinados elementos que justifican la acción: la sangre, una imborrable y dolorosa experiencia médica, incluso una azoriniana descripción de paisajes y personajes que evocan momentos. Pero la piedra angular es la memoria, el recuerdo, culminando con el olvido provocado por la crudeza de una enfermedad pero escrito con un tono digamos que más entrañable que todas las remembranzas infantiles, con sus sangres, sus dolores y sus odios…
R. La memoria, como digo más arriba, es, en efecto, el eje alrededor del cual gira la breve trama de mi cuento. La memoria considerada desde distintos puntos de vista, el de su condición instrumental, el de su labilidad y, sin querer contar demasiado, el de su pérdida. La mención del odio, sin embargo, que puede parecer inquietante, es sólo un recurso del personaje para incluir en unos parámetros estrictamente humanos la dolorosa experiencia que está viviendo en el relato. Así, no es tanto el odio lo que experimenta el yo del relato, a pesar del énfasis con que se expresa, como la necesidad de una explicación que resulta opaca al niño que es.
P. Curiosamente el tiempo, del que forma parte intrínseca la memoria y el recuerdo, fue protagonista de una novela corta de su autoría que recibió el premio Ciudad de Cáceres en 2011, «Los huérfanos del tiempo». En ella los personajes se movían desubicados en su propia cronología. ¿Se miró en el espejo de esta obra para escribir «Los hilos de la memoria» o en algún otro texto suyo escrito a lo largo de su trayectoria?
R. No de manera consciente, pero es inevitable que los distintos textos que uno ha ido produciendo a lo largo del tiempo acaben dialogando entre sí. Siempre existe el riesgo de la reiteración y hasta del autoplagio, aunque hay quien sugiere que los autores estamos siempre escribiendo la misma obra. A su pregunta sobre la existencia de algún otro texto que haya podido funcionar, digamos, como espejo, ahora que lo pienso, sí que existe al menos otro relato en el que insisto en hacer uso de las posibilidades narrativas de la memoria. Hablo de otra de mis novelas, la que lleva precisamente por título «La memoria de las heridas» que, por cierto, procede de una cita del Nobel polaco de Literatura Czeslaw Milosz que, en su discurso de aceptación del premio, escribió «Es posible que no haya más memoria que la de las heridas». Es difícil que una idea como esta pase desapercibida para la atención de un narrador.
https://academiadesanromualdo.com/wp-content/uploads/2026/07/FOTODESTACADOENTREVISTAZUAZO2026-copy-851x1024.jpg
P. Después han venido otras novelas y obras suyas que lo han consolidado como uno de los nombres más sólidos y respetados de la narrativa corta contemporánea en España. ¿Cómo ha compatibilizado su creatividad literaria con la labor docente a la que se dedica profesionalmente?
R. La verdad es que durante muchos años no ha sido fácil. Yo diría que ha sido una labor de acumulación en los raros paréntesis que me ha otorgado mi tarea docente. A veces he pensado que eso ha sido posible por mi amor por la escritura, que en ocasiones ha cobrado el aspecto de una obsesión. También me gusta pensar, y así lo digo con frecuencia, que el oficio de escribir se beneficia del afortunado privilegio de su facilidad material. Quiero decir que encontrar un momento y un lugar para escribir no es tan complicado como para quien se ha entregado a otras pasiones, como la pesca submarina o los bailes regionales, pues, para empezar, el escritor no precisa de compañía ni de aparataje sofisticado. Bastan un rincón, un bolígrafo y una libreta. Además, para decirlo todo, en estos dos últimos años he cesado mi actividad docente y ahora dispongo de más tiempo para dedicarme a la escritura. Mi única duda todavía es si esta libertad elevará la calidad de mis textos o si necesito los inconvenientes del pasado. Por ahora, la obtención de un premio tan prestigioso como el del Certamen Internacional Puente Zuazo sirve para confirmar, entre otras cosas, que mis condiciones actuales son suficientes.
P. Sus textos no solo se quedan en el formato físico de los libros; varias de sus piezas cortas y colaboraciones han cruzado fronteras apareciendo en revistas culturales de prestigio internacional como Letras Libres (México) o la revista digital Iowa Literaria de la Universidad de Iowa (EE. UU.). Cuéntenos algo de ello.
R. Bueno, se trata sencillamente de otro formato, no menos interesante que el de la edición tradicional. En cierto sentido, puede ser incluso más aprovechable, pues las publicaciones digitales llegan a veces a más lectores que las del formato físico. Yo lo veo como un complemento, como la posibilidad de ser leído de forma inmediata y que eso pueda despertar la curiosidad por acercarse a mis libros.
P. Regresando al Premio Puente Zuazo, ¿cómo conoció la convocatoria? ¿Ha participado en ediciones anteriores?
R. Sí, ya había participado antes, pues es un premio de tanto prestigio y de tan larga historia que cualquiera de los que nos dedicamos a la escritura de relatos lo conocemos y aspiramos a obtenerlo alguna vez, como demuestra la monstruosa participación de más de mil autores de prácticamente todos los rincones del mundo. Ese dato es asombroso y, al mismo tiempo, tal concurrencia hace que el autor ganador se permita la exhibición de un legítimo orgullo. Creo que comparto con todos esos narradores la impaciencia de esperar cada año la convocatoria del premio en los sitios especializados o en la propia página de la Real Academia de San Romualdo y la voluntad de perseguirlo sin descanso.
> «El oficio de escribir se beneficia del afortunado privilegio de su facilidad material. El escritor no precisa de compañía ni de aparataje sofisticado. Bastan un rincón, un bolígrafo y una libreta»
>
P. Es usted un autor consumado de relatos cortos, pero también de novelas. ¿En qué género se mueve mejor? ¿Se le ocurren personajes o motivaciones sobre el tiempo que se le queden ‘cortos’ con el formato cuento y prefiera la novela?
R. Siempre digo que la novela y el relato son dos maneras asimétricas de pasarlo bien y de pasarlo mal escribiendo. En ambas se padece el tormento de la insatisfacción por lo creado, siempre diferente a lo imaginado, y en ambas se disfruta el milagro de haber puesto en pie algo que no existiría sin tu participación, ese no sé qué de demiurgo que tiene el autor, aun modesto. Lo cierto es que a mí me han dado tantas satisfacciones los cuentos como las novelas, pero no puedo negar que en la distancia corta de un relato estoy más cómodo. Todos los narradores sabemos que la novela y el cuento son parientes que comparten muchas cosas pero que también tienen sus diferencias, y eso afecta, efectivamente a los personajes. Cuántas veces un tipo imaginado para un relato exige su papel, seguramente más complejo, de más largo aliento, en una novela. Y, sensu contrario, cuántos personajes vagan como almas en pena en una novela porque su sitio está en las páginas de un cuento. A mí me pasa con cierta frecuencia, lo que alguna vez ha dado lugar a la metamorfosis de un relato en una novela. Me ocurrió, por ejemplo, con «El verano de las bestias», nacido como cuento y culminado como novela.
P. ¿Qué diferencias existen entre un relato corto y una novela corta a la hora de escribir y cuáles son las claves para que un buen cuento triunfe en una convocatoria literaria?
R. Ya he apuntado algo en la respuesta anterior, pero añadiré que el relato corto ha de ser más preciso que una novela, aunque esta sea corta. Todos los prontuarios de escritura narrativa defienden que en el cuento no puede sobrar ni una coma, a riesgo de que se malogre, mientras que la novela puede permitirse digresiones y desvíos. Son célebres, y siguen vigentes, las palabras de Cortázar al respecto, haciendo analogía con el boxeo: la novela gana por puntos, acumulando efectos progresivamente, mientras que el cuento tiene que ganar por knock-out. Y supongo que por ahí debe de ir la clave para que un buen cuento triunfe: no sólo ha de «noquear» al lector sino que éste debe entender que el autor le está ofreciendo una trama en la que no falta ni sobra nada.
> «El relato corto ha de ser más preciso que una novela, aunque esta sea corta. Todos los prontuarios de escritura narrativa defienden que en el cuento no puede sobrar ni una coma, a riesgo de que se malogre, mientras que la novela puede permitirse digresiones y desvíos»
>
P. ¿Cómo ve el panorama literario actual en el ámbito del relato y la novela corta? ¿Cree que está amenazado por la irrupción de la inteligencia artificial?
R. Es evidente que esa irrupción va a cambiar muchas cosas y la literatura no es una excepción. Como parece inevitable alguna forma de contaminación, yo a veces fantaseo con un futuro, no sé si deseable, pero sí factible, en el que el lector pueda escoger, en uso de su libertad y con la información debida, si consume literatura «artificial» o «natural». Esta última sería obviamente la de los autores reales, con toda su humana imperfección. Sería el equivalente a elegir hoy en día si consumir un buen pan o uno de baja calidad. Ya veremos, pero, la verdad, compadezco a los organizadores de certámenes literarios y espero que sepan combatir la desigual concurrencia de una máquina y de un ser humano.
P. ¿Qué supone para usted haber ganado un concurso con la historia y la trayectoria del Puente Zuazo? ¿El premio es para usted una validación necesaria en la soledad del escritorio, o cada nuevo galardón añade una capa de presión a la hora de enfrentarse a la página en blanco?
R. Supone, en primer lugar, una enorme felicidad, por el prestigio del premio que ya he mencionado y por la competencia con centenares de autores de todo el mundo, que seguro que habrán presentado trabajos extraordinarios. Un premio, sí, siempre es una validación, un estímulo, un empujón en medio de la a menudo incierta aventura de la escritura, realizada, como usted apunta, en soledad, sin más referencia que la ratificación posterior de un editor o de un premio como el Puente Zuazo.
https://academiadesanromualdo.com/wp-content/uploads/2026/07/DESTACADOGRAFICOINFERIORENTREPZ2026-copy-1-999x1024.jpg
----------------------------------------------------------------











