domingo, 5 de abril de 2026

Jerez la ciudad milenaria y emblemática gaditana que se postuló para ser la Capital de Cádiz. Abajo el artículo de Óscar Checa Algarra. National Geografic.

 


Catedral de Jerez

Además de la oración, el estudio y el cuidado de su huerto, los cartujos de Santa María de la Defensión, a las afueras de Jerez de la Frontera, tenían otra tarea: la cría de caballos. En la época de fundación del monasterio, a finales del siglo XV, aquellos monjes se propusieron mejorar la raza de los caballos jerezanos, admirados ya desde tiempos de los romanos.

No hay mejor inicio de ruta por Jerez de la Frontera que conocer los orígenes del idilio que esta ciudad gaditana tiene con los caballos a través de un recorrido guiado por la Cartuja de Santa María de la Defensión, recién abierta a las visitas. 




Monasterio de Santa María de Jerez

Origen milenario

Ubicada al noroeste de la provincia de Cádiz, junto al río Guadalete y a poco más de 20 km de la capital gaditana, Jerez es una de las ciudades andaluzas más singulares. Por ella han pasado tartésicos, fenicios, romanos, visigodos, almorávides y almohades. Con estos últimos se produjo el auténtico desarrollo urbano de la localidad y con ellos se impulsó la cría ecuestre. De herencia musulmana es también otro de los rasgos que definen la esencia de esta ciudad: el flamenco. El tercer elemento de la idiosincrasia jerezana es el vino, motor de su economía desde hace siglos. Todo esto está presente en el día a día de Jerez.

Una vez dentro del área urbana, el complemento a la visita de la Cartuja es la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y su espectáculo Cómo bailan los caballos andaluces. Justo al lado, el Museo del Enganche explica la tradición de los carruajes que aún hoy recorren la ciudad, especialmente en fechas señaladas como durante la Feria de Jerez, en mayo.


Bodegas jerezanas

Siguiendo la calle Pozo del Olivar, que se transforma luego en calle Ponce y más adelante en calle Ancha, entramos en el casco histórico. Entre vías estrechas y adoquinadas, plazuelas con naranjos y fachadas blancas con remates ocres de albero, llegamos a Bodegas Tradición, en pleno barrio de San Mateo. Aquí podemos comenzar la introducción al particular universo vinícola de Jerez, sabiendo que en ella solo se elaboran vinos de Vejez Calificada, con más de 20 o 30 años.

Pero, además, su visita guarda otro interés: una magnífica colección privada de pintura española del siglo XIV al XIX. Las obras de Velázquez, Zurbarán, Goya, Murillo, El Greco o Sorolla, entre otros, se codean con delicados finos, olorosos, amontillados, palo cortados y pedro ximénez que duermen en la penumbra fresca de las bodegas en botas apiladas en varias alturas. 




Fundador. Bodegas

Es el sistema de criaderas y soleras, una forma de envejecer el vino que se empezó a utilizar a partir del siglo XVIII y que ha dejado un fascinante patrimonio arquitectónico. Se trata de las «bodegas-catedrales» o «catedrales del vino», llamadas así por la dimensión, la altura y los arcos y columnas que sostienen sus naves. 

 

El ejemplo más claro y espectacular lo encontramos un poco más adelante, siguiendo la Ronda del Caracol. Se trata de La Mezquita, de Bodegas Fundador. De 1730, es la más antigua de Jerez y debe el nombre a su centenar de columnas y arcos de herradura. Bajando por la Cuesta de la Chaparra, que bordea el Jardín de la Puerta Rota, se llega a otro emblema: Bodegas Tío Pepe.



El Alcázar

Este monumental recinto lo levantaron los almohades en un extremo de la ciudad amurallada en el siglo XII. Los restos de una mezquita, unos baños árabes, un aljibe, jardines y puertas y torreones de la muralla conviven con un palacio barroco construido por el alcaide Lorenzo Fernández de Villavicencio que en la actualidad guarda en una de sus plantas la antigua farmacia municipal del siglo XIX.

 

Alrededor de las murallas se extienden los jardines de la Alameda Vieja donde crecen algunos de los árboles que más se identifican con Jerez, como los naranjos, las palmeras y las jacarandas. Estos últimos llegaron desde la otra orilla del Atlántico como un obsequio a la ciudad de los bodegueros que viajaban por todo el mundo comercializando los vinos jerezanos. En primavera, cuando florecen, inundan las calles y parques del centro de un deslumbrante color violeta.


FLAMENCO PURO



Tabanco El Pasaje. Flamenco

Los tabancos son otro de los iconos de Jerez. Estos antiguos despachos de vino a granel funcionaban como tabernas donde, además, se cantaba flamenco. Cruzando la plaza del Arenal y siguiendo la calle Lancería, se llega al Tabanco El Pasaje, de 1925, el más antiguo de la ciudad y donde el tiempo parece haberse detenido.

Muy cerca, al final de la calle Algarve, otro tabanco, Plateros, representa la evolución de estos establecimientos, manteniendo la esencia y con un marcado gusto por la calidad gastronómica. Aquí, como en el resto de tabancos, se comen tapas y una de las que no hay que perderse son los chicharrones.


La Faraona. Lola Flores

En la plaza de Belén está el Centro Cultural Lola Flores. A través de objetos personales cedidos por su familia y admiradores, repasa el periplo vital de la artista jerezana (1923-1995), figura fundamental del flamenco y la cultura popular. Sobre la fachada blanca, una foto a gran tamaño de La Faraona, con la bata de cola que luce en la película Sevillanas (1992) de Carlos Saura, atrae las miradas desde cualquier punto de la plaza.

Como ella, Jerez es así, rotunda, directa y sensual. Bien podría hacer suya la frase que Lola acuñó en una entrevista: «Las hay mejores que yo... pero como yo, ninguna».  

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